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Tiempo libre

30.09.2016

#FANFICS TIO (TAKE IT OFF) C9

Muchas cosas pasan en tan solo horas y los sentimientos se entrecruzan para generar en la vida de Rosie una gran confusión, ¿cómo se resolverá? ¡Sigue leyendo para enterarte en este increíble capítulo!

#FANFICS TIO (TAKE IT OFF) C9

-No es tu camiseta.
-Sí lo es.
-Claro que no.
-Dije tapando la camiseta negra con la tela del suéter gris que caía a mis costados.

Podía sentir el rubor en las mejillas. Demonios. Se supone que no se iba a dar cuenta. Gabriel parecía divertido con todo esto. Al menos su sonrisa en la cara demostraba eso.

-Ro, esa fue la camiseta que me quitaste la primera semana que comenzamos a salir. Jamás olvidaría algo como eso.
“Jamás olvidaría algo como eso…”
-No juegues conmigo. -Mi voz salió cortante y despechada.
¿Qué? -La sonrisa se borró de su cara. Me miraba confundido- No estoy jugando contigo. Me acuerdo perfectamente de eso. Esa camiseta me la quitaste la prime-
No me refiero a eso, Gabriel.-Interrumpí sus palabras.-Estoy hablando de ti. ¿A qué juegas?
No juego a nada, Rosie.

Caminé a lo largo del pasillo, en busca de mi casillero. Gabriel me siguió de cerca.
-Te estoy hablando, Rosie.
-Pues yo no. Déjame en paz de una vez.
Abrí mi casillero en busca de mi bolso, y ahí fue cuando caí en la cuenta de que había olvidado mi bolso. Mi bolso estaba en la guantera del auto de Luke. …Maravilloso. Nótese mi sarcasmo.
Cerré la puerta del casillero de un golpe. Estaba frustrada. ¿Como se supone que entre a clases, si ni siquiera tengo un lápiz o cuaderno? 
Además mi Notebook también esta ahí. Soy estúpida.

-¡Escucha cuando te hablo! -Gritó Gabriel al tiempo que me tiró contra los casilleros de la escuela.
Mi cabeza golpeó el frío metal provocando que mi vista se nublara.
 Puntos negros aparecieron en mi campo de visión.
Una punzada en la cabeza me atravesó el alma. Dolía demasiado. En eso subí la vista para poder ver a Gabriel pero él ya no estaba. Todo era negro.

¡No veo! -Comencé a gritar –¡Maldita sea! ¡No veo! -Sentía la desesperación en todo mi cuerpo. Sentía que el piso se caía y que mi cuerpo se destrozaría con la caída.- ¡Ayuda!
Mis mejillas estaban mojadas y la sensación de tener lágrimas en los ojos se hacía presente.

-Lo siento. Realmente, lo siento. Yo, lo siento. -Sentía que me tomaban de los hombros para mantenerme en pie.- Mierda. ¡Salgan de aquí imbéciles!
Sentía miles de pisadas a mi alrededor. Pero no podía identificar las caras. Oía el sonar de las puertas de las aulas abrir y cerrar. Todo era negro. Y grité. Grité lo más fuerte que pude para saber si mi voz seguía ahí. Para escucharla. Grité hasta que la garganta me ardió. Hasta que no escuché más mi voz. Grité hasta que desapareció. Los murmullos se sentían cada vez más cercanos pero lentos, pausados, sin oxígeno. El mundo se movía extremadamente despacio y yo era un peso muerto.

-¡Rosie! -La voz de América se sentía lejana. – ¡¿Qué le hiciste idiota?! ¡Te mataré!
¡No hice nada, lo juro! ¡Rosie despierta!
No peleen… Está mal pelear. ¿Mare, por qué peleas con mi novio? ¿Gabriel por qué me gritas?
Estoy cayendo. ¿Por qué nadie viene? ¿Gabriel por qué no vienes?

~~~~~

El familiar olor a látex y desinfectante se hacía presente, una vez más. La diferencia era que ahora no estaba América a mi lado. Sólo habían enfermeras que regulaban los aparatos conectados a mi cabeza.

-Creí haber dicho que te cuidaras. En tu condición no puedes actuar como una niñita de 5 años. -Era el doctor Hillar que me recriminaba desde un sillón que adornaba el cuarto. Las enfermeras que antes estaban ahí, fueron saliendo de la habitación en silencio.
Vaya bienvenida. -Pensé

-Me cuidé. No sé que le habrán dicho, pero no fui yo la culpable de que terminara acá.
-No me importa el cómo o el por qué de que llegaras acá. Lo único que importa es que debido al golpe ocasionado en tu cabeza, por segunda vez -Me recriminó con la mirada una vez más- De ahora en adelante, puedes presentar cuadros de Amnesia o prosopagnosia, como dije anteriormente, debido al TEC, también puedes desmayarte sin previo aviso. Y eso Rosie, será cosa del día a día.

-No me sorprende, antes ya me había diagnosticado algo así. -Dije mientras comenzaba a quitar todos los electrólitos pegados a mi cabeza.
Es distinto. El que hayas sido diagnosticada con un TEC cambia todo.

TEC esto, TEC aquello. ¡Estoy harta de esa palabra!
 ¡¿Que mierda es un TEC?! -Grité golpeando la cama a los lados con mis palmas abiertas. Estaba enojada y estresada. Y que el estúpido doctor estuviera aquí, regañando mi autocuidado no ayudaba en nada.
El doctor Hillar se paró del asiento dispuesto a gritarme. Sin embargo tomó un respiro, supongo que para calmarse, y me explicó lo que era un TEC.

Los traumatismos de cráneo son una de las lesiones más graves y con mayores secuelas neurológicas o mortalidad en las personas. Se producen por el fuerte impacto que recibe el cerebro al chocar contra las paredes o huesos del cráneo. Cosa que tú has sufrido mucho últimamente, Rosie. -Yo sólo “puse los ojos en blanco” dando a entender mi molestia. El doctor siguió explicando, ignorando mi actuar.- Si hay ruptura de la membrana que recubre el cerebro es un TEC abierto, pudiendo el paciente eliminar líquido encéfalo raquídeo. Este es más grave y puede producir meningitis o abscesos cerebrales. Si no se ha roto esta membrana, es un TEC cerrado. Es lo que te expliqué la vez pasada pero a modo más específico.

Si como sea, quiero ir a casa. ¿Puede terminar luego con su explicación? Gracias.
El doctor Hillar suspiró y volvió a explicar.
Los TEC también se dividen según su gravedad en leves, moderados y graves, dependiendo del compromiso neurológico del paciente. Este último se mide por una escala llamada Glasgow, que es un sistema que evalúa numéricamente tres parámetros: abertura ocular, lenguaje y estar ubicado en tiempo y espacio.
 Y tú Ro, estás en el tercero. Si llegas a tener cuadros de Amnesia o prosopagnosia puede que sean momentáneos, o en el peor de los casos permanentes.

¡¿Permanentes?! Hasta aquí llego yo. No quiero seguir escuchando. Odio que mis días sean así. Detesto tener que despertar en este lugar y detesto que me regañen por cosas de las que no soy responsable. Mi padre es el único que tenía el derecho de retarme. Pero él está muerto. Y no permitiré que alguien, que no tiene la autoridad suficiente, recrimine lo que está bien o mal en mi vida.

Mis ojos ardían y estaban aguados. Tenía la vista fija en la sábana blanca que cubría mi cuerpo. No quería saber cuantos días llevaba inconsciente. El saberlo solo me ocasionaría más dolor del que ya tenía. El doctor Hillar, al ver que no respondía nada, salió de la sala dejándome sola.

Esperé unos minutos y al ver que no venía ninguna enfermera, me levanté de la cama sintiendo el peso de mi cuerpo. Mi ropa estaba doblada encima de un banco junto a la cama del hospital. Me coloqué el sujetador y los jeans. No tardé mucho en encontrar mi blusa, y los calcetines. Por otro lado, mis zapatos no aparecían.

¿Donde diablos están mis zapatillas?
-¿Qué haces levantada? Mi padre me dijo que estabas en cama.

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Lukey…
Me puse de pie lo más rápido que pude. Cosa que fue mala idea porque el mareo me envolvió de inmediato obligando a que me sentara en la cama. Luke se acercó preocupado.
-Estoy bien. -Dije alejándolo un poco de mi. Estaba invadiendo mi espacio personal y por lo demás necesitaba aire.
No pareces estar bien. Vuelve a la cama. Llamaré a mi padre y le diré que te haga un chequeo.
-¡No! -Grité lo más fuerte que pude. 
La desesperación volvió a consumirme. Luke iba a arruinar todo mi plan. Necesitaba salir de aquí. Quería salir de aquí. El nudo que estaba en mi garganta provocó que nuevas lágrimas se dieran a conocer.
-Pequeña, no llores. Todo está bien. Todo está bien.

Luke se sentó a mi lado y me abrazó. Su rico aroma que cada vez se me hacía más familiar me tranquilizó. Lo abracé lo más fuerte que pude. Mare no estaba aquí conmigo para consolarme y decir que todo iba a estar bien. Pero, Luke si lo estaba e iba a aprovechar eso.

Sácame de aquí. Por favor, Luke. No quiero estar en este lugar.
Él se quedó en silencio un momento. Y después se apartó de mí y sonrió.
-Está bien. Pero si te vamos a sacar de este lugar, tiene que ser rápido.

Dicho esto, me tomó de la mano y salimos de la habitación, no sin antes verificar que no estuvieran vigilando la puerta.
Pasamos la sala de Cardiología y la de Maternidad que estaban ubicadas en el mismo piso. 
Luke no soltó mi mano en ningún momento. Algunos pacientes nos quedaban mirando cuando pasábamos por su lado. Ponían cara de “¿qué demonios están haciendo?”. Y no los culpo. Yo también pondría ese rostro si viera a un chico rubio, alto por sobre el metro 70 y que viste como súper modelo, junto a una muchacha que ha estado días sin ducharse (probablemente) y no tiene los zapatos puestos.

Es comprensible….
¡Cuidado! -Gritó/susurró Luke al ver que una enfermera por sobre los 60 años, traía un carrito lleno de inyecciones y desinfectantes caminando directo hacía nosotros.
Luke abrió la primera puerta que tuvo a mano y entró arrastrándome con él. Nuestras respiraciones eran entrecortadas y sonoras debido a la falta de aire. En eso, alguien en la habitación carraspeó la garganta. No era ni Luke, ni yo. Ambos nos dimos vuelta lentamente para encontrarnos con una familia que le hacía compañía a un abuelo que estaba en una de las camas del hospital.

Era una familia muy adorable si me lo preguntan, un anciano, un matrimonio como el que mis padres solían tener, y dos niños, gemelos.
¿Qué hacen aquí? Esto no es un motel. -Dijo el abuelo postrado en la cama con un tono molesto.
Lo sentimos. Nos iremos enseguida. -Dijo Luke con las mejillas rojas.

Lukey volvió a tomar mi mano, que segundos antes había tenido que soltar y salió de la habitación conmigo siguiéndole de cerca. Al ver que el pasillo seguía vacío, comenzamos a caminar lo más rápido que pudimos. No corrimos porque en el piso de Cardiología ya nos habían llamado la atención por hacerlo. Olvidé mencionar eso. 
Cuando al fin llegamos al primer piso que era la recepción, a solo unos cuantos metros de cruzar las puertas de salida del Hospital, una voz sonó por toda la sala.

Solicitamos atención a todos los enfermeros presentes, un paciente ha escapado. Según el informe mide 1,65, y tiene el cabello marrón ondulado hasta la cintura. Contextura delgada. Responde al nombre de Rosie Stiles. En caso de verla, avisar a recepción. Muchas gracias por su atención.

No pasaron ni dos segundos cuando un señor, se paró de su asiento y gritó: “¡Es ella!”
¡Hora de correr! -Dijo Luke al tiempo en el que me tiraba hacia la salida.

Dos guardias que estaban vigilando en la entrada corrieron hacia nosotros. El primero y más gordo de los dos, empujó a Luke hacía un lado provocando que ambos cayéramos de boca al piso. Lo primero que hice fue cubrir mi cabeza. No estaba dispuesta a quedar inconsciente, otra vez. 
No tuve tiempo para quejarme del dolor de espalda debido a que el segundo guardia -que tenía el pelo canoso y era mucho más delgado que el primero- me tomó en sus brazos y con un rápido movimiento me colgó al hombro como si fuera un saco de patatas. Había perdido de vista a Luke y eso solo me ponía más nerviosa.

Comencé a golpear al hombre con todas mis fuerzas para que me soltara, pero el estar de cabeza al piso no ayudaba mucho. Mis golpes eran suaves como marshmallows y débiles comparados con la contextura del guardia. Me moví lo más que pude, para lograr que el hombre soltara su agarre. Debido a esto, el guardia perdió el equilibrio y tuvo que aflojar su agarre para poder mantenerse en pie. Mi cara casi choca de llena contra el piso, si no fuera porque el hombre aún me tenía sujeta de la rodilla.

Enrollé mis brazos al rededor de su pierna y acerqué mi boca a esta. Lo mordí lo más fuerte que pude, logrando que el hombre al fin me soltara debido al dolor. 
Sin darme tiempo de buscar a Luke, corrí en dirección a la puerta que no estaba a más de dos metros.

¿A dónde crees que vas, niñita? -Dijo el guardia obeso mientras me sujetaba de los brazos.
Mi escape estaba tan cerca….
¡No la toques, imbécil! -Luke apareció en mi campo de visión, dándole un puñetazo en la cara al guardia obeso. El hombre comenzó a sangrar en pocos segundos. Y me dejó libre.
 Esto era como revivir la pelea que tuve con Nicole hace un tiempo.

El rubio tomó mi mano y me arrastró a la salida.
Luke y yo, corríamos como alma que lleva el diablo. Habíamos logrado salir del Hospital y ahora nos dirigíamos al auto de Luke. Bueno, más bien yo seguía de cerca a Luke porque no tenía ni idea de dónde estaba el auto. 
Al poco tiempo, el Mustang Rocket apareció ante nosotros. Subimos a este y Luke aceleró a toda marcha. El auto derrapó en la acera y nosotros estábamos a salvo.

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~~

Una vez en la carretera, y más tranquilos, decidí romper el silencio.
Gracias por ayudarme. Espero que no tengas problemas con tu padre por esto… -Sonreí apenada y trate de expresar toda la gratitud que sentía, en mi rostro.
No te preocupes. Tenía que hacerlo, además si esto tuviera consecuencias, las aceptaría. Yo decidí ayudarte, tú no me pusiste un arma en la cabeza o algo así para hacerlo.
-Gracias… Te debo una. -Luke sonrió mirando hacia delante mientras conducía.
No me debes una. Me debes dos. ¡Jamás tuvimos la cita! Me dejaste esperando en tu puerta dos horas hasta que América llegó a la casa en busca de ropa y me explicó todo. ¡Pensé que me habías dejado plantado! -Dijo Luke riéndose y… ¿quejándose?.

De seguro lo pasó muy mal esperando por mí. Luke era un buen chico y no se merecía esto de mi parte. Yo era una persona inestable e indecisa. Conmigo no podías obtener una seguridad a menos de que yo estuviera locamente enamorada de esa persona. Estaba tratando con todas mis fueras de superar a Gabriel y darme paso a una nueva oportunidad en el amor. Pero, sentía que lo que estaba haciendo no era correcto, y yo no era así.

Sabía en el fondo que seguía queriendo a Gabriel a pesar de todo el daño que él me había hecho tanto física como emocionalmente. Era una masoquista, pero tenía una duda existencial sobre él. Y hasta que no resolviéramos el “¿por qué?” de su odio hacía mí, yo no podría vivir en paz y jamás lo olvidaría. Y si iba a estar con alguien, quería que esa estadía fuera al 100%. No a medias.

Lo siento, Luke. No puedo con esto.-Dije cerrando los ojos y apoyando mi cabeza en el respaldo del asiento. – Tú eres un gran chico. No llevas de conocerme ni una semana y das el mundo por mí. Y yo, no te doy nada a cambio.
-No hay para qué exagerar, pequeña. No puedo darte el mundo. -Dijo tratando de aligerar el ambiente.
Pero lo harías si pudieras. Yo soy muy indecisa e insegura de mi misma. Aún no sé quién soy o que quiero hacer con mi vida. No dejo que nadie esté conmigo porque creo que para estar con alguien debo amarlo con todas mis fuerzas, al igual que él me amará a mí. Y para ti no es justo. -Mi voz salía suave y gangosa. Trataba de no explotar en lágrimas y a favor de eso, estas sólo caían por mis mejillas. Luke aparcó a un lado de la carretera y apagó el auto.

-Yo ya sé eso. Lo supe cuando entramos a tu Instituto y vi el rostro que pusiste cuando ese idiota te ofendió. Pero, no me importa. -Sus mejillas estaban rojas al igual que el contorno de sus ojos. Su voz sonaba más ronca de lo normal, pero sus mejillas no tenían ni una lágrima en ellas. – Quiero arriesgarme, quiero intentarlo. Me agrada estar contigo. No voy a decir que te amo o que me gustas porque no es así, pero me siento diferente a tu lado y no quiero dejar esa sensación. No todavía.
-Luke si no puedo saber de mi misma, no puedo estar contigo. Yo sé en el fondo que aún siento cosas por Gabriel.

Luke suspiró y me miró serio.
-Rosie, nunca serás capaz de encontrarte a ti misma si estás pérdida en alguien más.
-Lo sé.
Luke encendió el auto y no tardó en volver a la carretera. Comenzó a conducir hacia mi casa, que estaba a solo unos 30 minutos de distancia. Yo ya me había relajado y estaba menos gangosa.
¿Podemos intentar ser amigos? -Dijo Luke haciendo una mueca extraña. Yo reí ante su gesto, pero mi risa salió diferente debido a que hace un rato había llorado.
Asentí a su respuesta.
Sí, podemos ser amigos.

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